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El espejo.

Fui derecha a él movida por algo parecido a unos hilos invisibles,manejada por algo desconocido y que sin embargo reside dentro de mi cabeza desde los primeros recuerdos.Es inmaterial pesado,muy rápido,también es de esponja.Noto cómo se mueve,me manosea la masa cerebral a su antojo sin utilizar un patrón definido.A veces tira y afloja durante días manejando los músculos de mis ojos,hace que mis reflejos no sean tan míos,me descontrola.Qué será,por qué es y para qué es cada vez me preocupa menos.El síndrome de Estocolmo me arropa.
Aquello mío que no soy yo me guió hacia la pared donde se encontraba el antiguo espejo de marco dorado que llevaba mostrándome lo que soy y no soy desde que aprendí a observar obsesivamente.Lo descolgué despacio,con una fuerza que desconocía tener (ese espejo podía reflejar perfectamente varios metros) y al segundo de haberlo colocado en el suelo ya estaba caminando sobre él.
Por más que intento recordar el primer paso no puedo,por ello supongo que fui dirigida por el intruso perenne.Los siguientes pasos en cambio los tengo frescos,tanto es así que cerrando los ojos puedo plantarme en el punto exacto de lo sucedido,a partir del segundo,donde el avance ya empezó a ser cosa mía.Al posar el pie en el cuarto movimiento se empezó por fin a rajar,por fin estaba destruyendo lo que había visto de mí hasta entonces,mi evolución e involución y ese séquito de mujeres que decían ser yo.Seguí andando,poco a poco y sin preocuparme por nada,estaba contenta por estar andando por el techo,pisando la lámpara horrible de hierro oxidado,la telaraña que me daba pena destruir por si en ella vivía una familia y las humedades verdosas que servían de ambientador a de mi vida.
El espejo abandonó la resistencia,llevaba lo suyo aguantando,y ahí fue cuando optó por la defensa del erizo,yo me corté y me daba igual.Tenía litros de sangre suficientes para un buen rato,seguí y seguí,dando la media vuelta cada vez que llegaba a un extremo.Realmente contenta,viendo mi sangre correr por el techo,sin gotear sobre mi cabeza,desafiando la gravedad,formando ríos,ocultando las humedades,las telarañas y esa lámpara que nunca me decidía a cambiar.Me veía las bragas,la forma de los labios se vislumbraba,era una grata imagen,los pelos escapaban por los lados,eran viejas locas sin vida apretujadas para entrar a la tienda en el primer día de rebajas.
Me cargué las plantas de los pies,pero daba igual,estaba contenta.Qué maravilla poder ir caminando por mi techo repleto de sangre que no goteaba.Fue intenso y tierno exterminar ese espejo,el baúl de mis vergonzosos reflejos.