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Un aperitivo de Fernando Pessoa.

Fernando Pessoa fue un escritor hecho a retales,absolutamente completo,complejo y humano.
Al leer fragmentos de sus obras me adentro en el todo,hago las paces con la humanidad,me siento parte del universo.Me hace sentir acompañada,haciendo visible la luz en el calabozo que me creé poco a poco,o donde sea que me encuentre.Tengo que decir,eso sí,que gracias a la constancia y ayuda ahora me encuentro simplemente en el salón de casa,y mi mente está hoy día en el mismo lugar que mi cuerpo,juntos por fin.
Pero bueno,volviendo a lo que íbamos,no sé si sabréis de su  habilidad para utilizar heterónimos.Fernando Pessoa fue un maestro en este arte que a diferencia del pseudónimo,usado tan solo para firmar una obra con nombre ficticio, supone la completa creación de un personaje “autor”,de una persona con fecha y lugar de nacimiento,personalidad,historia propia e ideales.Un personaje creado para crear desde un ángulo “ajeno”,un alter ego,pura magia y malabarismo.
Encima Pessoa no parió uno ni dos heterónimos,sino decenas y decenas.Bernardo Soares,Fernando Reis…
Pessoa,el que es y no es.

Esto es un fragmento de “El libro del desasosiego” de Bernardo Soares (Fernando Pessoa,a través de uno de sus heterónimos).

“Envidio –pero no sé si envidio– a aquellos de quienes se puede escribir una biografía, o que se pueden escribir la propia. En estas impresiones sin nexo, ni deseo de nexo, narro indiferentemente mi biografía sin hechos, mi historia sin vida. Son mis Confesiones y, si nada digo en ellas, es que no tengo nada que decir. ¿Qué tiene alguien que confesar que valga o que sirva? Lo que nos ha sucedido, o le ha sucedido a todo el mundo o solo a nosotros; en un caso, no es novedad, y en el otro no es cosa que se comprenda. Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir. Lo que confieso no tiene importancia, pues nada tiene importancia. Hago paisajes con los que siento. Hago fiestas de las sensaciones. Comprendo bien a las bordadoras gracias a la amargura, y a las que hacen punto de media porque hay vida. Mi tía vieja hacía solitarios durante lo infinito de la jornada. Estas confesiones de sentir son solitarios míos. No los interpreto, como quien usase cartas para saber el destino. No los ausculto, porque en los solitarios las cartas no tienen propiamente valor. Me desenrollo como una madeja multicolor, o hago conmigo figuras de cordel, como las que se tejen entre los dedos estirados y se pasan de unos niños a otros. Sólo me preocupo de que el pulgar no estropee el lazo que le corresponde. Después, vuelvo la mano y la imagen resulta diferente. Y vuelvo a empezar. Vivir es hacer punto de media con una intención de los demás. Pero al hacerlo, el pensamiento es libre, y todos los príncipes encantados pueden pasear por sus parques entre zambullida y zambullida de la aguja de marfil de pico al revés. Punto de ganchillo de las cosas… Intervalo… Nada… Por lo demás, ¿con qué puedo contar conmigo? Una acuidad horrible de las sensaciones, y la comprensión profunda de estar sintiendo… Una inteligencia aguda para destruirme, y un poder de ensueño ávidamente deseoso de entretenerme… Una voluntad muerta y una reflexión que la arrulla, como a un hijo vivo… Sí, punto de ganchillo…”